sábado, 25 de marzo de 2017

POESIA




Hoy tengo tiempo para la poesía y ando encantado de atravesar la puerta de oro para arrancar sus plumas. Esconder (contener en su interior) la belleza si la vida es belleza. Soy un camaleón escondiendo la vida, no vaya a ser que estos que todo lo quieren poseer la destruyan... ¡Hagamos poesía con los recuerdos! El viento en los álamos, se erizan las ondas del agua y te lleva el frío hasta los adentros; los recuerdos vienen como el viento al árbol. Cuando nos conocimos, todo era futuro, el presente era mi casa, mi única casa, mis padres, mis gentes. Seguir el camino era fácil, te alumbraba el aire de aquellos que amabas.
Solíamos jugar alrededor del pozo, la garrucha oscilante, la cuerda y el cubo cazador de sueños. Llevar a través de la oscilante cuerda la orden de voltear el cubo y luego tirar a ti para subir a luz un agua limpia, fresca y clara, libando o robándole a esa copa un buche de belleza. La camisa mojada, tus senos y las cosas tan claras como el agua. La risa igual de fresca e igual de clara, arrobado en la belleza del fondo de azabache de unos ojos a punto de llorar de la alegría, el viento jugando con su pelo y la luz enredando rincones y arrebatando espacios. 
Entonces… Entonces, el universo era azul y blanco. Demiurgo, un dios que después de crear el mundo desaparece y se convierte en hombre. El hombre hecho a imagen de dios. El hombre es lo más sagrado y luego la belleza en la vida…, la cualidad suprema. La belleza, la encendida palabra. La sequedad del viento en la garganta, solitaria y hermosa como amante prohibida.
¿Qué quedará de mi cuando me vaya? Tanta asepsia en el trato, tanto desperdiciar el aire; expulsamos el aire apresuradamente como si nos quemara por dentro, tendríamos que ser más avaros con todo este aire que nos envuelve. Deberíamos vivir haciendo apneas y aprovechar al máximo cada sorbo de este milagro.