viernes, 13 de diciembre de 2013

MARIPOSAS






Un arco en el espacio, un último escorzo en el aire, y cazó el gato de mis sueños la mariposa al vuelo... ¡Mariposas nocturnas!
El suelo está alfombrado de cadáveres de mariposas nocturnas... ¿Los recuerdos serán como mariposas muertas? ardua y laboriosa la tarea del poeta, intento recoger la cosecha de cadáveres; menos mal que me ayuda la sangre.
La mariposa monarca tiene un mapa en la sangre. Nada existe en el mundo comparable a la fuerza de la sangre. Cuando llega su tiempo, ese ser diminuto, despliega cual barquilla sus preciosas alas al viento, y sorteando obstáculos visibles e invisibles, recorre animosa una distancia incomparable; una vez en la meta, se entrega a su destino; que no es otro que perpetuarse en el tiempo.
La especie humana tiene un mapa en la sangre. Nada existe en el mundo comparable a la fuerza de la sangre. La especie humana ha olvidado que corre por sus venas el mapa de un tesoro. Cuando llega su tiempo, se rebela contra su sangre, recorre desorientada y triste una distancia incomparable; se resiste a entregarse a su destino, que no es otro que perpetuarse en el tiempo. 
La especie humana tiene los días contados... Olvidó en alguna parte de su alma el mapa de un tesoro.

martes, 10 de diciembre de 2013

ULTIMA PUERTA



Dejamos en el pasado los recuerdos... Los más bellos son las mejores joyas que poseemos. Al final de una vida solo se posee ese tesoro, que nada tiene que  ver con el oro y la plata, ni con las posesiones robadas o tomadas prestadas a la tierra. Cuando esté en el trance de abandonarlo, me imagino que repasaré  por última vez ese tesoro y que probablemente al igual que hago ahora, se escaparan algunas lágrimas de mis ojos.
Pensaran los que me vean llorar, que es por la pena de abandonar la vida; pero yo estoy  seguro que será por tener que dejar que se fundan en el mar de ese olvido algunas de mis cosas: un cuadro colgado, alguna foto en un álbum pegada o quizás olvidada en el cajón de arriba de la vieja cómoda, recordaré esos días de la infancia, antes de despertar al mundo, algunos olores, únicos por ser míos, los amores, la familia, la mujer, los hijos y antes de irme..., yo querré recordar a mis padres y con mi último aliento, los llamaré para que me acompañen a cruzar el umbral de la última puerta.

domingo, 1 de diciembre de 2013

PASA EL TIEMPO


Ya no me siento tan fuerte como antaño y hay veces que hasta parece que oigo la campanita triste y solitaria del camposanto.
Una casa vacía… Hay que llenar de nuevo la vasija, sacar el polvo a tanto mueble viejo, airear el eco de esas habitaciones desoladas y prender una ramita de romero para espantar los malos sueños; a veces me siento como creo que debe sentir una casa vacía, una casa que se mueve veleta por un desierto al sol y al viento. Dentro del cascarón de una casa vacía pienso... ¿Qué debe de sentir un pollo dentro del huevo, si los truenos de una tormenta pueden dejarlo huero? Imaginad que el hombre que siempre llevas dentro, incubando, como si de una gallina clueca se tratase; después de una tormenta de sucesos muere.
Un nido vacío ¿qué pensaran los pájaros ante un nido vacío? El eco de un recuerdo de primaveras, tocar ala con alas, pisar la compañera, empollar la nidada, dar un relevo y otra vez estar solo; tan solo como el eco de un recuerdo, y no se puede vivir solo del eco. 
Ya solo soy una rama desnuda indefensa ante el viento, y siento la lluvia resbalar por el esqueleto del árbol de mi cuerpo, sin hojas, y en una horquilla…, ese nido vacío.
Es el invierno frío, y mientras la lluvia limpia y regenera el mundo... Duermen mansos los sueños y me dejo llevar de esa melancolía.



viernes, 15 de noviembre de 2013

TESTAMENTO





Hoy han sido incinerados los últimos despojos de un poeta cualquiera, y esparcidas sus cenizas a los cuatro puntos cardinales; como notario de sus últimas voluntades enumero sus deseos para el mundo:
Para la hermandad de los desamparados, un verso en un bote salvavidas.
Para los huéspedes de la fonda de los desagradecidos, el ansia de mirarse en los espejos.
Para las prostitutas del burdel Medianoche que hicieron gratas sus horas más oscuras, un pueblo en la fuente de la montaña blanca.
Para los buenos amigos, las noches más hermosas y una china del tamaño un ladrillo.
Para los enemigos de la pureza, cagajones de burro para que se revuelquen en su esencia.
Para los desgraciados que creyeron que aquello de joder a los demás era la vida, unas gafas para verse por dentro.
Para los que en la nostalgia se sintieron defraudados, un manojo de violetas salvajes.
Para los que en su ignorancia le hirieron el alma, una tisana de comprensión balsámica.
Para los que a sabiendas le hirieron el alma, una tisana de comprensión balsámica aunque le gustaría que se quemaran un poquito la lengua.
Para la mujer que le tocó en la rifa de la vida, una pensión para un buen pasar y un grillo que le cante en noches de verano.
Para sus hijos que lo amaron en vida, una sonrisa para cuando se acuerden.
Deja para los últimos deseos, treinta sonrisas destinadas a alegrar a los de corazón amargo y a los de espíritu pobre.


viernes, 8 de noviembre de 2013

ES POESIA






Es poesía:
Un cruce de miradas.
Desviar, 
la mirada pudorosa.
Mirarme descarada.
Esa media sonrisa.
Ese curvar 
los labios hacia arriba.
Mezclar 
tu saliva y mi saliva.
Pensar… 
¡Es un escándalo de niña!
 ¡No puede ser más guapa!
Mirar
como te mueves.
Oler 
como tú hueles.
El roce de mi mano con
¡Fue sin querer!
 Perdón que no lo sienta.
Lánguidamente 
se deja caer la tarde...
Hubo una vez un tiempo, 
en que no existían cuestas; 
todo era plácidamente llano.
Hubo un tiempo 
que por mucho que se empinaran las calles; 
más risas,
 se escapaban de tus labios.
Hubo una vez un tiempo, 
donde no existió el tiempo; 
todo estaba,
 suspendido en tu mirada.
Hubo una vez un tiempo, 
en que tú llenabas el tiempo; 
eras todas las horas del reloj de mi vida.
Hubo un tiempo, 
en que yo;
 conocía todas las miradas 
y eso... Nunca se olvida.


sábado, 19 de octubre de 2013

PEQUEÑO MENDIGO


Llueve.
Blanca la calle y oscuro el cielo.
¡No se ve un alma!
Solo en la puerta, un niño espera.
Sigue lloviendo.
Blanco atardece y oscuro el duelo.
¡Piensa en su madre!
Junto a la puerta, casi es un todo.
Llueve.
Está empapado y sigue en la espera.
¿Como pedirlo?
Pronto oscurece, nadie ha venido.

Sigue lloviendo.
Ya se encendieron las dos farolas.
¡Piensa en su casa!
¿Como marcharse y dejar la espera?
Llueve.
Del fondo oscuro alguien se acerca.
¡Salta a su encuentro!
El esperado que por fin llega.

Sigue lloviendo.
Abre la mano y musita un mantra.
¡Brilla en su mano!
La esfinge triste de la moneda.

Llueve.
Valió la pena  la  tensa espera.
¡Piensa en sus padres!
brillan sus ojos y su alma se alegra.

Sigue lloviendo, pero no importa.
¡En su bolsillo lleva un tesoro!
Casi encorvado y serenamente
se pierde el niño por las callejas…

domingo, 8 de septiembre de 2013

LUCIERNAGAS


De pequeño, oía decir con frecuencia a mi padre, que cuando tuviera dinero haríamos una piscina en el lugar donde estaba el estercolero… ”Una piscina para que os podáis bañar en verano”.
Antiguamente la basura y los desperdicios que no aprovechaban ni los cerdos, se iban acumulando en el estercolero. En los pueblos todo es aprovechable: que si un gato se moría bien por viejo o por gato; pues al estercolero y palada de tierra, la mierda de los cerdos y de los otros; pues al estercolero y palada de tierra, luego pasaba el tiempo sin querer y lo convertía en un abono fabuloso.
El estercolero de mi casa era de unas proporciones estupendas para poderlo convertir en piscina…, haría 6 metros de largo por 2 metros de ancho y más que piscina hubiera sido una alberca magnifica, pero no tuve la suerte de verlo nunca, lo más cerca que estuve, fue una vez en que vendimos su contenido para abonar la tierra de algún vecino y anduve rumiando  como poderlo realizar; pero al mudarnos al palomar no hubo ya más ocasión.
Uno de los momentos mágicos que recuerdo de mi niñez está relacionado con el estercolero. Para subir a la azoteilla de la cuadra desde donde gustaba observar  las estrellas, tenía forzosamente que subir al estercolero. Una noche que salí al corral para verlas... Vi como dos luciérnagas que sobrevolaban la oscuridad del corral se fundían en una sola chispa que iluminó brevemente la tapia del granado; no se que pensé al verlas, pero se quedaron en mi para siempre.


domingo, 21 de julio de 2013

CARPE DIEM...?





Unos versos del poeta chino Li Po me llevan a un instante del tiempo. ¡Será una ilusión!… Desde las callejas que dan al campo atisbo el verdor de las plantas y la alegría de los pájaros que cruzan despreocupados la frontera.
Los gatos, rebuscan entre las canales mal colocadas de los cobertizos de los corrales algún nido donde saciar la gana. Los pájaros, ajenos al peligro, siguen alegremente cruzando la frontera. Unas veces llevan en el pico una chichara, otras llevan granos de trigo cuidadosamente guardados en el buche.
Sobre el tintero a la sombra del granado, sus flores le dan un sentido, ya que enrojecen la superficie del agua.
Un niño en la azotea de su casa, mueve el agua jabonosa que contiene una lata vacía de leche condensada con un trozo de caña.
En la cochinera, el cerdo ajeno a un lejano san Martín, hoza entusiasmado media sandía, tan roja como la sangre que saldrá de su garganta; pero ahora eso no importa “Carpe diem” creo que piensa y gruñe satisfecho
Una mujer joven, cuelga en el tendedero sus sábanas recién aclaradas y calza el cordel con una estaquilla larga de eucalipto... Sopla una leve brisa que hace ondear las sabanas que chasquean como la tralla de un látigo. 
Por un momento todo está suspendido en el tiempo... El gato ha conseguido mover la canal con sus patas y lleva un gorripato en la boca, sus andares felinos contrastan con el piar desesperado de los gorriones. El niño ha conseguido una ristra de pompas de jabón y mira extasiado como algunas de ellas navegan en la brisa. La mujer se seca las manos en el delantal…, observa orgullosa su colada y luego se dirige a la cocina donde hierve la comida, canturreando bajito una canción de moda.
El sol de mediodía llena de luz y vida todo el cuadro y en un rincón unas avispas se afanan por ampliar un magnifico nido hecho con su saliva de papel.


miércoles, 10 de julio de 2013

LA TIERRA



Hoy, me he dado una vuelta por los arrabales del recuerdo y he pasado por donde hacia tiempo olvidaba; echar una ojeadita a unas tierras dejadas en barbecho, requiere de experiencia... Hay mucha ciencia infusa en un puñado de tierra.
La imagen de cine del “gladiador hispano Máximo Meridio, cogiendo del suelo un puñado de tierra y “saboreando” por decirlo de alguna manera: su sabor, textura, olor y quien sabe si algo más; se puede utilizar para explicarlo.
Quien conoce  la tierra y su memoria, sabe del equilibrio y de su fuerza; una vez analizado científicamente, habrá que meter mano a malas hierbas, introducirr la teja del arado bien honda para airearla un poco, abonarla y dejar que lluvia, sol y viento, preparen para la siembra;  una vez llevado a cabo su trabajo ya solo queda, como al gladiador de la película, reunirse con ella.
No supe que existían los cumpleaños hasta el décimo, hasta entonces cuando quería saber la edad que tenía se lo preguntaba a mi madre. Cuando cumplí cinco años recuerdo que mi madre me dijo."En cuanto se acabe la vendimia irás a la escuela con los demás niños"  le respondí: que para que, si ya sabía letras y cuentas... Luego, volvía a olvidarme de contar los años. A los siete, cuando los compañeros de clase iban a prepararse para la comunión, volví a preguntar que cuando la haría, mi madre me comentó que cuando se tiene siete años; pero tu la harás con ocho; porque Juan Miguel, el hijo de la matrona que la hace este año, te dejará el traje de marinero ¡así que no me crezcas mucho este año! No debí de crecer mucho, porque el traje de Juan Miguel me vino que ni pintado cuando la hice con ocho.   
Llegó la tarde de mi décimo cumpleaños como cualquier otra tarde, pero ocurrió un hecho que haría que lo recordase para siempre... Matilde, la que vendía dulces por las calles, todas las tardes pasaba por mi puerta vendiendo pasteles, supongo que alguna vez pediría a mi madre que comprase alguna chuchería, pero lo normal era que el poco dinero que entraba en casa, se destinase a comprar cosas de utilidad; pues bien, aquella tarde, mi madre sin pedírselo, me compró un pastelillo de Matilde, y ese pequeño manjar ha hecho que quede grabada para siempre en mi memoria mi cumpleaños como si de una celebración se tratase; luego ya no volví a cumplir años hasta que me tuve que ir a la milicia... Pero eso, quedaba todavía muy lejos.

martes, 9 de julio de 2013

FILOSOFIA

"La letra con sangre entra"
Cuando era pequeño, pensaba que mi alma estaba alojada en mi pecho, y recuerdo, tener miedo a que dañaran físicamente mi alma inmortal; así que, cuando el maestro de escuela, me pegaba en la mano con la palmeta, me agarraba con fuerza en la axila para evitar que el dolor me subiera hasta el pecho y me dañara el alma.
Platón, el filosofo griego, enseñaba que había tres tipos de alma: 
El alma Racional, la representaba en el cerebro y como si de un auriga se tratara; así maneja las riendas de la vida…, decía que la virtud de las personas que poseían este tipo de alma era la prudencia, y que sus moradores solían ser personas aptas para el gobierno. 
El alma Irascible, la representaba en el pecho, con forma de caballo hermoso y dócil…, decía que su virtud era la fortaleza, y quienes poseían un alma así; solían ser guerreros y poetas. 
El alma Mortal, iba destinada, para los artesanos y trabajadores; la representaban en las tripas con forma de caballo feo y sin domar…, su virtud principal era la templanza.
Luego, no era tan descabellado, que un niño pensara que tenía que proteger su alma inmortal de cualquier forma de peligro… ¡Hasta de los golpes! Por cierto, echarle un poquito de imaginación, y ved según Platón de que tipo de alma sois poseedores.


P.D.- Los tres tipos pueden ser buenas, si consiguen que su VIRTUD impere sobre sus defectos.



martes, 4 de junio de 2013

ANGEL DE LA GUARDA





Desde muy pequeñito viví acompañado de la fotografía gris y la sonrisa triste del hermano muerto... Unas veces a los pies de la cama, otras al lado; tan cerca anduvo siempre de mi que he llegado a pensar que es mi ángel de la guarda… En cuanto tuve uso de razón, pregunté a mi madre quien era el niño que me miraba desde alguna pared de mi cuarto.
Mi madre, contaba que lloró desconsoladamente durante años, la perdida de mi hermano; ni tan siquiera la llegada de un nuevo hijo pudo con la tristeza, pues nadie viene a este mundo a sustituir a nadie… “La muerte de uno no te hace vivir el tétrico espectáculo, te hace protagonista y… Debe de ser muy triste, para que negarlo; aunque más triste aun, es ver la agonía lenta de un ser querido…" Siendo yo un chavalín, acompañé a mi padre al cementerio a sacar sus despojos, y cosa curiosa... Seria por la penicilina o por el clima de mi tierra, el cuerpo de mi hermano se mantenía intacto.
Estatua pequeñita, en aquella desvencijada cajita de madera, al contacto con el aire se deshizo muy lentamente, como si de una secuencia rodada a cámara lenta se tratase, en un montón de polvo... Lo mismo, lo mismito que se desvanecen los sueños al despertar.



domingo, 26 de mayo de 2013

LA SERPIENTE MAMONA





Hace tiempo me contaron la historia más fantástica que hayáis podido escuchar… Pasaba unos días de vacaciones en un pueblo del Condado de Huelva, y una noche, después de cenar y como se acostumbra en las cálidas noches de verano, salimos a la puerta de la calle a tomar el fresco. Como cada noche ocurría, pronto se formó un corrillo de vecinos dispuesto a pasar en animada charla un buen rato, contando anécdotas y ocurrencias acaecidas durante la vida.
Ya casi al final de una de esas veladas, e interrumpidas como casi siempre por las “buenas noches” de algún vecino que pasa, y por el consabido “vaya vd. con Dios”; Manuela la mosca, una vecina comenzó hablando de “fulanita... si mujer, esa que vivía en el pinadero, hija de tal y cual, si mujer..., a la que le mamaba la serpiente”. Asintieron algunas como si fuese lo más natural del mundo, pero a mí me picó la curiosidad y pedí por favor claro está, que Manuela me contara la historia.
“Pocos años después de acabada la guerra, vivían en el pinadero un matrimonio que tenían dos hijas, la pequeña, de meses, aun mamaba de las tetas su madre; pues bien, sucedió que la pequeña comenzó a perder peso de forma inexplicable y una niña que se criaba sana como una manzana, de la noche a la mañana adelgazaba a ojos vistas, lo mas curioso eran las pupas que le salían en la boca y sobre todo, lo oscura y fea que tenía la lengua. Alarmada ante los síntomas descritos, acudió a la consulta del Dr. Gullón que por aquellos entonces ejercía de médico del pueblo, y aunque los síntomas no le cuadraban mucho,  les recetó unos sobres con cuyo contenido, tenia que lavarle la boquita y un jarabe para que se lo preparara Don Francisco el boticario; en fin hasta aquí lo más normal del mundo, si no fuera que ni los polvos ni el jarabe hicieron efecto.
La preocupación de los padres iba en aumento, porque pensaban que la niña se les iba sin remisión. Una tarde hablando con una vecina, le contó lo que le pasaba a su niña, y como aunque tenía mucha leche en sus pechos, a la niña parecía que no le sentara bien, aunque la niña le vaciaba los pechos en cada toma. La vecina, una señora muy mayor, le reveló un secreto sobre una cosa que a ella le sucedió siendo jovencita, le explicó que a ella que criaba sus hijos en una casa de la sierra, una serpiente se acostumbró a mamar de sus pechos y que a su niño le pasó tres cuartos de lo mismo… ”Por Dios, por Dios,  se santiguaba la pobre, eso no me puede estar pasando a mí”… También le dijo lo que tenía que hacer, si quería que la serpiente no le mamara; le explicó que debería de hacer un circulo de cenizas alrededor de la cunita y que si quería saber donde se escondía la bicha,  debería de alfombrar el cuarto con serrín, para de este modo poder seguir el rastro de la serpiente.
Aunque cuando se lo explicó al marido este no le diera mucho crédito, al final, y ante la inoperancia de los remedios empleados hasta la fecha, se decidió a poner en marcha el plan. Como supondréis, no pegaban ojo en toda la noche y mientras tanto; la pequeña no tenía ya fuerza ni para llorar, languidecía día tras día y parecía que moriría si no ocurría un milagro.
A la tercera noche de vigilia, extenuados, se quedaron dormidos mientras le daba el pecho a su hijita; al cabo de un rato la despertó una bofetada y ella, despertó a su marido pensando que había sido este soñando, pero el marido sobresaltado le dijo que el no había sido, sobrecogidos por un terrible pensamiento, encendieron la luz a tiempo de ver como una serpiente reptaba por la pared hasta meterse por un agujero que había en una esquina del techo… ¡Era cierto…, una bicha! De modo que la astuta y golosa serpiente, bajaba por la pared hasta la cabecera de la cama; para mamar de los pechos de aquella mujer y para que la niña no llorase, le ponía en la boquita la cola a modo de chupete y es por eso que tenía la boca llena de pupas. 
Corrieron y subieron al soberado y mataron a la bicha. Llegado a este punto, he de explicar que los labradores antaño, llevaban culebras pequeñas a los graneros y lugares de almacenamiento de trigo y otros alimentos, para que diesen cuenta de ratones y es de suponer, que alguien llevó hasta el soberao una de ellas y  lo que no sabían estos labradores es que aunque no probado, la tradición explica historias del gusto que tienen las  serpientes por la leche y narran con frecuencia hechos que prueban que se enganchan en las ubres de vacas y cabras para beber su leche.
Contaba Manuela, que a partir de haber matado a la serpiente la niña se recuperó rápidamente y que hoy en día; es una vecina del pueblo, madre de tres hijos y abuela de algún que otro nieto y que por supuesto, de aquellos hechos no se volvió a hablar en el pueblo por aquello “del que dirán...”.
En fin yo espero como siempre que esta historia os haya gustado,  pues como casi siempre, la cuento como me la contaron.

LA CRUZ DE LA VEREDA



Cruz de la Verea
Tal como la escuché yo os lo cuento... en una noche de un frío invierno como los de antes,  a la luz de una buena candela y siendo yo muy niño escuche este cuento de boca de un serrano viejo; el abuelo de Juanito Mendoza “el de la "Jeromita”.

Decía así... era una vez un serrano, que tenía por costumbre una vez concluida la matanza, bajar hasta el pueblo a venderla; ese año en cuestión, había sido muy seco y había poca cosa con la que alimentarse; los lobos andaban en manadas, rabiosos y hambrientos; tanto, que muchas noches sus aullidos se escuchaban hasta en Villalba.
El serrano en cuestión,  para no perder el hilo de la historia y pese  que su señora le advirtió de los peligros que llevaba el bajar ese invierno,  se aventuró a bajar; por circunstancias que solo el conoce, o porque el diablo juega con cartas marcadas, vaya Vd. a saber, se le hizo de noche cerrada.
Para ahuyentar a  posibles depredadores, iba el serrano cantando y dando grandes voces (aquí y para adornar la leyenda el contador soltaba una buena retahíla de ellas que a los chavales nos dejaba boquiabiertos)... a esto que le salió al paso una manada de lobos hambrientos y ni las voces, ni los cantos, le sirvieron de ayuda ante el olor de los chorizos, morcillas, tocinos y jamones que traía el serrano en los serones de la burrilla.
El serrano, hombre de recurso donde los hubiese, comenzó por tirarles los chorizos y no vean lo que chalaban los lobos con el aperitivo … ¿os podéis imaginar la escena?, un burrito enceronao y una fila de al menos 20 lobos hambrientos…luego le echó los tocinos... y la misma faena, los lobos dieron buena cuenta de ellos, luego las paletillas... y la misma faena, los lobos dieron buena cuenta de ellas... al final y casi llegando a Villalba el serrano cogió los jamones… y la misma faena, los lobos dieron buena cuenta de ellos... en fin y para acabar la historia pues me empiezan a coger ganas de comer con tanta pitanza, los lobos dieron buena cuenta del burro y del serrano. Esto pasaba cuando casi llegaba, pues estaba  ya estaba viendo las luces de Villalba a lo lejos. 
A la mañana siguiente un labrador que iba a picar los ajos a una huerta cercana se encontró un reguero de sangre y un par de botas de esas que tienen las suelas llenas de tachuelas, dentro de ellas lo único que no se pudieron comer los lobos... ¡los pies del serrano!
Bueno en el pueblo como supondréis se lió la de San Quintin y  para que la gente no olvidara aquella historia y como para ahuyentar a los lobos, al diablo o vaya vd. a saber quien, erigieron una cruz y como estaba al lado del la verea que venia de la sierra, se le dió en llamar ... la cruz de la verea.

Espero que os haya gustado... y seguro que si encontráis a otro que la haya oído, te la contara de otra manera,  pero en esencia será lo mismo; porque yo os lo cuento como me lo contaron.