domingo, 26 de mayo de 2013

LA CRUZ DE LA VEREDA



Cruz de la Verea
Tal como la escuché yo os lo cuento... en una noche de un frío invierno como los de antes,  a la luz de una buena candela y siendo yo muy niño escuche este cuento de boca de un serrano viejo; el abuelo de Juanito Mendoza “el de la "Jeromita”.

Decía así... era una vez un serrano, que tenía por costumbre una vez concluida la matanza, bajar hasta el pueblo a venderla; ese año en cuestión, había sido muy seco y había poca cosa con la que alimentarse; los lobos andaban en manadas, rabiosos y hambrientos; tanto, que muchas noches sus aullidos se escuchaban hasta en Villalba.
El serrano en cuestión,  para no perder el hilo de la historia y pese  que su señora le advirtió de los peligros que llevaba el bajar ese invierno,  se aventuró a bajar; por circunstancias que solo el conoce, o porque el diablo juega con cartas marcadas, vaya Vd. a saber, se le hizo de noche cerrada.
Para ahuyentar a  posibles depredadores, iba el serrano cantando y dando grandes voces (aquí y para adornar la leyenda el contador soltaba una buena retahíla de ellas que a los chavales nos dejaba boquiabiertos)... a esto que le salió al paso una manada de lobos hambrientos y ni las voces, ni los cantos, le sirvieron de ayuda ante el olor de los chorizos, morcillas, tocinos y jamones que traía el serrano en los serones de la burrilla.
El serrano, hombre de recurso donde los hubiese, comenzó por tirarles los chorizos y no vean lo que chalaban los lobos con el aperitivo … ¿os podéis imaginar la escena?, un burrito enceronao y una fila de al menos 20 lobos hambrientos…luego le echó los tocinos... y la misma faena, los lobos dieron buena cuenta de ellos, luego las paletillas... y la misma faena, los lobos dieron buena cuenta de ellas... al final y casi llegando a Villalba el serrano cogió los jamones… y la misma faena, los lobos dieron buena cuenta de ellos... en fin y para acabar la historia pues me empiezan a coger ganas de comer con tanta pitanza, los lobos dieron buena cuenta del burro y del serrano. Esto pasaba cuando casi llegaba, pues estaba  ya estaba viendo las luces de Villalba a lo lejos. 
A la mañana siguiente un labrador que iba a picar los ajos a una huerta cercana se encontró un reguero de sangre y un par de botas de esas que tienen las suelas llenas de tachuelas, dentro de ellas lo único que no se pudieron comer los lobos... ¡los pies del serrano!
Bueno en el pueblo como supondréis se lió la de San Quintin y  para que la gente no olvidara aquella historia y como para ahuyentar a los lobos, al diablo o vaya vd. a saber quien, erigieron una cruz y como estaba al lado del la verea que venia de la sierra, se le dió en llamar ... la cruz de la verea.

Espero que os haya gustado... y seguro que si encontráis a otro que la haya oído, te la contara de otra manera,  pero en esencia será lo mismo; porque yo os lo cuento como me lo contaron.