domingo, 8 de septiembre de 2013

LUCIERNAGAS


De pequeño, oía decir con frecuencia a mi padre, que cuando tuviera dinero haríamos una piscina en el lugar donde estaba el estercolero… ”Una piscina para que os podáis bañar en verano”.
Antiguamente la basura y los desperdicios que no aprovechaban ni los cerdos, se iban acumulando en el estercolero. En los pueblos todo es aprovechable: que si un gato se moría bien por viejo o por gato; pues al estercolero y palada de tierra, la mierda de los cerdos y de los otros; pues al estercolero y palada de tierra, luego pasaba el tiempo sin querer y lo convertía en un abono fabuloso.
El estercolero de mi casa era de unas proporciones estupendas para poderlo convertir en piscina…, haría 6 metros de largo por 2 metros de ancho y más que piscina hubiera sido una alberca magnifica, pero no tuve la suerte de verlo nunca, lo más cerca que estuve, fue una vez en que vendimos su contenido para abonar la tierra de algún vecino y anduve rumiando  como poderlo realizar; pero al mudarnos al palomar no hubo ya más ocasión.
Uno de los momentos mágicos que recuerdo de mi niñez está relacionado con el estercolero. Para subir a la azoteilla de la cuadra desde donde gustaba observar  las estrellas, tenía forzosamente que subir al estercolero. Una noche que salí al corral para verlas... Vi como dos luciérnagas que sobrevolaban la oscuridad del corral se fundían en una sola chispa que iluminó brevemente la tapia del granado; no se que pensé al verlas, pero se quedaron en mi para siempre.