viernes, 15 de noviembre de 2013

TESTAMENTO





Hoy han sido incinerados los últimos despojos de un poeta cualquiera, y esparcidas sus cenizas a los cuatro puntos cardinales; como notario de sus últimas voluntades enumero sus deseos para el mundo:
Para la hermandad de los desamparados, un verso en un bote salvavidas.
Para los huéspedes de la fonda de los desagradecidos, el ansia de mirarse en los espejos.
Para las prostitutas del burdel Medianoche que hicieron gratas sus horas más oscuras, un pueblo en la fuente de la montaña blanca.
Para los buenos amigos, las noches más hermosas y una china del tamaño un ladrillo.
Para los enemigos de la pureza, cagajones de burro para que se revuelquen en su esencia.
Para los desgraciados que creyeron que aquello de joder a los demás era la vida, unas gafas para verse por dentro.
Para los que en la nostalgia se sintieron defraudados, un manojo de violetas salvajes.
Para los que en su ignorancia le hirieron el alma, una tisana de comprensión balsámica.
Para los que a sabiendas le hirieron el alma, una tisana de comprensión balsámica aunque le gustaría que se quemaran un poquito la lengua.
Para la mujer que le tocó en la rifa de la vida, una pensión para un buen pasar y un grillo que le cante en noches de verano.
Para sus hijos que lo amaron en vida, una sonrisa para cuando se acuerden.
Deja para los últimos deseos, treinta sonrisas destinadas a alegrar a los de corazón amargo y a los de espíritu pobre.


viernes, 8 de noviembre de 2013

ES POESIA






Es poesía:
Un cruce de miradas.
Desviar, 
la mirada pudorosa.
Mirarme descarada.
Esa media sonrisa.
Ese curvar 
los labios hacia arriba.
Mezclar 
tu saliva y mi saliva.
Pensar… 
¡Es un escándalo de niña!
 ¡No puede ser más guapa!
Mirar
como te mueves.
Oler 
como tú hueles.
El roce de mi mano con
¡Fue sin querer!
 Perdón que no lo sienta.
Lánguidamente 
se deja caer la tarde...
Hubo una vez un tiempo, 
en que no existían cuestas; 
todo era plácidamente llano.
Hubo un tiempo 
que por mucho que se empinaran las calles; 
más risas,
 se escapaban de tus labios.
Hubo una vez un tiempo, 
donde no existió el tiempo; 
todo estaba,
 suspendido en tu mirada.
Hubo una vez un tiempo, 
en que tú llenabas el tiempo; 
eras todas las horas del reloj de mi vida.
Hubo un tiempo, 
en que yo;
 conocía todas las miradas 
y eso... Nunca se olvida.