domingo, 26 de mayo de 2013

LA SERPIENTE MAMONA





Hace tiempo me contaron la historia más fantástica que hayáis podido escuchar… Pasaba unos días de vacaciones en un pueblo del Condado de Huelva, y una noche, después de cenar y como se acostumbra en las cálidas noches de verano, salimos a la puerta de la calle a tomar el fresco. Como cada noche ocurría, pronto se formó un corrillo de vecinos dispuesto a pasar en animada charla un buen rato, contando anécdotas y ocurrencias acaecidas durante la vida.
Ya casi al final de una de esas veladas, e interrumpidas como casi siempre por las “buenas noches” de algún vecino que pasa, y por el consabido “vaya vd. con Dios”; Manuela la mosca, una vecina comenzó hablando de “fulanita... si mujer, esa que vivía en el pinadero, hija de tal y cual, si mujer..., a la que le mamaba la serpiente”. Asintieron algunas como si fuese lo más natural del mundo, pero a mí me picó la curiosidad y pedí por favor claro está, que Manuela me contara la historia.
“Pocos años después de acabada la guerra, vivían en el pinadero un matrimonio que tenían dos hijas, la pequeña, de meses, aun mamaba de las tetas su madre; pues bien, sucedió que la pequeña comenzó a perder peso de forma inexplicable y una niña que se criaba sana como una manzana, de la noche a la mañana adelgazaba a ojos vistas, lo mas curioso eran las pupas que le salían en la boca y sobre todo, lo oscura y fea que tenía la lengua. Alarmada ante los síntomas descritos, acudió a la consulta del Dr. Gullón que por aquellos entonces ejercía de médico del pueblo, y aunque los síntomas no le cuadraban mucho,  les recetó unos sobres con cuyo contenido, tenia que lavarle la boquita y un jarabe para que se lo preparara Don Francisco el boticario; en fin hasta aquí lo más normal del mundo, si no fuera que ni los polvos ni el jarabe hicieron efecto.
La preocupación de los padres iba en aumento, porque pensaban que la niña se les iba sin remisión. Una tarde hablando con una vecina, le contó lo que le pasaba a su niña, y como aunque tenía mucha leche en sus pechos, a la niña parecía que no le sentara bien, aunque la niña le vaciaba los pechos en cada toma. La vecina, una señora muy mayor, le reveló un secreto sobre una cosa que a ella le sucedió siendo jovencita, le explicó que a ella que criaba sus hijos en una casa de la sierra, una serpiente se acostumbró a mamar de sus pechos y que a su niño le pasó tres cuartos de lo mismo… ”Por Dios, por Dios,  se santiguaba la pobre, eso no me puede estar pasando a mí”… También le dijo lo que tenía que hacer, si quería que la serpiente no le mamara; le explicó que debería de hacer un circulo de cenizas alrededor de la cunita y que si quería saber donde se escondía la bicha,  debería de alfombrar el cuarto con serrín, para de este modo poder seguir el rastro de la serpiente.
Aunque cuando se lo explicó al marido este no le diera mucho crédito, al final, y ante la inoperancia de los remedios empleados hasta la fecha, se decidió a poner en marcha el plan. Como supondréis, no pegaban ojo en toda la noche y mientras tanto; la pequeña no tenía ya fuerza ni para llorar, languidecía día tras día y parecía que moriría si no ocurría un milagro.
A la tercera noche de vigilia, extenuados, se quedaron dormidos mientras le daba el pecho a su hijita; al cabo de un rato la despertó una bofetada y ella, despertó a su marido pensando que había sido este soñando, pero el marido sobresaltado le dijo que el no había sido, sobrecogidos por un terrible pensamiento, encendieron la luz a tiempo de ver como una serpiente reptaba por la pared hasta meterse por un agujero que había en una esquina del techo… ¡Era cierto…, una bicha! De modo que la astuta y golosa serpiente, bajaba por la pared hasta la cabecera de la cama; para mamar de los pechos de aquella mujer y para que la niña no llorase, le ponía en la boquita la cola a modo de chupete y es por eso que tenía la boca llena de pupas. 
Corrieron y subieron al soberado y mataron a la bicha. Llegado a este punto, he de explicar que los labradores antaño, llevaban culebras pequeñas a los graneros y lugares de almacenamiento de trigo y otros alimentos, para que diesen cuenta de ratones y es de suponer, que alguien llevó hasta el soberao una de ellas y  lo que no sabían estos labradores es que aunque no probado, la tradición explica historias del gusto que tienen las  serpientes por la leche y narran con frecuencia hechos que prueban que se enganchan en las ubres de vacas y cabras para beber su leche.
Contaba Manuela, que a partir de haber matado a la serpiente la niña se recuperó rápidamente y que hoy en día; es una vecina del pueblo, madre de tres hijos y abuela de algún que otro nieto y que por supuesto, de aquellos hechos no se volvió a hablar en el pueblo por aquello “del que dirán...”.
En fin yo espero como siempre que esta historia os haya gustado,  pues como casi siempre, la cuento como me la contaron.

LA CRUZ DE LA VEREDA



Cruz de la Verea
Tal como la escuché yo os lo cuento... en una noche de un frío invierno como los de antes,  a la luz de una buena candela y siendo yo muy niño escuche este cuento de boca de un serrano viejo; el abuelo de Juanito Mendoza “el de la "Jeromita”.

Decía así... era una vez un serrano, que tenía por costumbre una vez concluida la matanza, bajar hasta el pueblo a venderla; ese año en cuestión, había sido muy seco y había poca cosa con la que alimentarse; los lobos andaban en manadas, rabiosos y hambrientos; tanto, que muchas noches sus aullidos se escuchaban hasta en Villalba.
El serrano en cuestión,  para no perder el hilo de la historia y pese  que su señora le advirtió de los peligros que llevaba el bajar ese invierno,  se aventuró a bajar; por circunstancias que solo el conoce, o porque el diablo juega con cartas marcadas, vaya Vd. a saber, se le hizo de noche cerrada.
Para ahuyentar a  posibles depredadores, iba el serrano cantando y dando grandes voces (aquí y para adornar la leyenda el contador soltaba una buena retahíla de ellas que a los chavales nos dejaba boquiabiertos)... a esto que le salió al paso una manada de lobos hambrientos y ni las voces, ni los cantos, le sirvieron de ayuda ante el olor de los chorizos, morcillas, tocinos y jamones que traía el serrano en los serones de la burrilla.
El serrano, hombre de recurso donde los hubiese, comenzó por tirarles los chorizos y no vean lo que chalaban los lobos con el aperitivo … ¿os podéis imaginar la escena?, un burrito enceronao y una fila de al menos 20 lobos hambrientos…luego le echó los tocinos... y la misma faena, los lobos dieron buena cuenta de ellos, luego las paletillas... y la misma faena, los lobos dieron buena cuenta de ellas... al final y casi llegando a Villalba el serrano cogió los jamones… y la misma faena, los lobos dieron buena cuenta de ellos... en fin y para acabar la historia pues me empiezan a coger ganas de comer con tanta pitanza, los lobos dieron buena cuenta del burro y del serrano. Esto pasaba cuando casi llegaba, pues estaba  ya estaba viendo las luces de Villalba a lo lejos. 
A la mañana siguiente un labrador que iba a picar los ajos a una huerta cercana se encontró un reguero de sangre y un par de botas de esas que tienen las suelas llenas de tachuelas, dentro de ellas lo único que no se pudieron comer los lobos... ¡los pies del serrano!
Bueno en el pueblo como supondréis se lió la de San Quintin y  para que la gente no olvidara aquella historia y como para ahuyentar a los lobos, al diablo o vaya vd. a saber quien, erigieron una cruz y como estaba al lado del la verea que venia de la sierra, se le dió en llamar ... la cruz de la verea.

Espero que os haya gustado... y seguro que si encontráis a otro que la haya oído, te la contara de otra manera,  pero en esencia será lo mismo; porque yo os lo cuento como me lo contaron.

LA GRAN SERPIENTE



Este cuento me lo contaban de niño y narra la historia de un pastorcillo del pueblo de Villalba, que consiguió dar muerte a una gran serpiente que atemorizaba la comarca.
En lo mas recóndito de la serranía de Huelva, en una zona conocida como la pata del caballo, hace mucho, pero que mucho tiempo, moraba una sierpe gigantesca, una serpiente que aterrorizaba a toda la comarca de la sierra… Decían que era tan gruesa como un bocoy de 100 arrobas y tan larga, tan larga, que era capaz de rodear el castillo de los guardas... Decían algunos, que la habían visto comerse de un bocado una vaca entera, cornamenta incluida claro está y otros aun mas exagerados, ventilarse en un periquete un rebaño entero de cabras. Cuando los cazadores se aventuraban a cazar por aquellos parajes, contaban que escuchaban sus silbidos y que se les paralizaba hasta el aliento del miedo que pasaban.
Los alcaldes de los pueblos afectados se reunieron en asamblea y decidieron ofrecer una suculenta recompensa para ver si se acababa de una vez con la bicha; los cazadores mas valiente de la comarca se reunieron y formaron cuadrillas para ver si podían dar caza y matar a la culebra gigante. Recorrieron la comarca y escudriñaron todos los caminos y parajes de caza de la sierra, colocaron trampas en todos los lugares que se le ocurrieron, pero nada, fue imposible dar caza a la criatura; es más parecía que la bicha les buscaba las vueltas… Si se les ocurría ir por el río Patas, ella cazaba por los arrayanes…, en fin que al final, cansados y derrotados, se volvían para sus pueblos como el que dice “con el rabo entre las piernas”.
Un pastor villalbero, que acostumbraba a dormir muchas noches con su rebaño en la sierra, hacía días que cavilaba la manera en que podría matar a semejante bicho, no por ná, porque a él no le mataba una oveja ni el mismísimo diablo disfrazado de sierpe; pero había una garrida moza en el pueblo, hija para más “inri” del amo del rebaño, por la que bebía los vientos y aunque se sabía correspondido por ella, por aquellos entonces se estilaba, bueno para que engañarnos con cuentos… ¡Que había en el pueblo mozos con mas fortuna que la suya y poderoso caballero ya se sabe, es don dinero! Pues bien una noche de aquellas en las que se quedaba a dormir en el redil de sus ovejas se le ocurrió la manera de acabar con la bicha… Se haría pasar por una de sus borregas, así no levantaría sospechas a la sierpe y podría averiguar donde se escondía. 
Dicho y hecho, a la primera noche de luna llena que llegó estando en la sierra, se colocó el pellejo de un borrego por la cabeza y estuvo balando toda la noche a la luz de la luna; imaginaos al paisano en cuestión… Aunque espero que no soltéis alguna que otra carcajada, pues la intención del pastor ya la conocemos.
La primera y la segunda noche pasaron sin novedad que destacar, pero a la tercera y cuando ya pensaba que no vendría tampoco, comenzaron las borregas a impacientarse dando muestras de miedo, los perros comenzaron a ladrar; pero lo que apareció a los ojos de nuestro pastor lo dejó paralizado y no pudo mas que ver como en un visto y no visto se zampaba cuatro de sus mejores ovejas, cuando ya pensaba que era hombre muerto y ante la insistencia de los perros que ladraban a su alrededor, la sierpe se marchó por donde vino. Cuando nuestro pastor pudo reaccionar solo tuvo que seguir su pesado rastro hasta la madriguera... Bueno ya tenía su escondite, ahora había que pensar como matarla. 
La primera parte del plan había salido a la perfección, eso si, cuando llegó al pueblo con 4 ovejas menos la paliza que se llevó del amo fue de las que se recuerdan toda la vida, tuvo que salir huyendo mientras escuchaba toda clase de improperios y juramentos… ”Que si te has dormido…, que si que clase de pastor eras…, que si hijo de mala madre…; en fin que le dio como quien dice la del pulpo. Aguantó el castigo y esperó a la próxima vez que subiera a la sierra con el ganado.
Mientras tanto, ideó un plan para matar a la bicha... Primero fue a la droguería del pueblo y compro una garrafilla de veneno para matar ratas… El droguero extrañado le preguntó si iba a matar a un regimiento; pero el tenía ya la respuesta preparada  ”Es que…. mire usted Sr. droguero, allá en la sierra por la noche las ratas me comen y tengo pensado ponerles cebo envenenado para acabar con todas ellas” ante la respuesta del pastor, el droguero accedió a venderle el veneno.
Mientras tanto la recompensa por matar a la serpiente seguía subiendo a la par que sus fechorías, siempre que venía alguien forastero contaba... Que si tal la serpiente, que si cual la serpiente y…, llegó la fecha señalada por el amo del pastor, para subir de nuevo a la sierra y ahí que vemos al pastor cargar los serones de la mula de carga y meter bien dentro el veneno comprado.
Una vez en la sierra, cogió a 4 de sus ovejas y les empapó las greñas de lana con todo el veneno que pudo y todavía chorreando las acercó a la cueva que había visto esconderse la sierpe, les hizo un pequeño cercado y se tumbó junto a un acebuche a echar una cabezadita… ¿No pensareis que se iba a dormir estando la serpiente tan cerca? que va, estuvo todo el rato acechando con los ojos entornados y claro está cuando a la serpiente le llegó el tufillo de cordero vivo se dijo… ”Veras el festín que me voy a pegar", bajó hasta el improvisado cercado y en un plis-plas se merendó a las 4 borregas sin enterarse de que además de los borregos se había zampado media arroba de matarratas.
Cuando el pastor imaginó que ya le había hecho efecto el veneno, se armó de valor y sacando la navaja de siete muelles que llevaba en el zurrón cortó unas matas de jara y se hizo una tea y se dijo “ahora o nunca”, y se metió dentro de la cueva.
Al poco comenzó a oír rugidos de dolor… eEfectivamente allí estaba, retorciendose de dolor y de rabia …Intentó con su cuerpo aplastar al pastor pero este se movía muy deprisa y ella con el veneno dentro de sus entrañas apenas tenia fuerzas para defenderse, así que el pastor abrió la navaja de siete muelles y la mató… Luego la desolló de la cola hasta la enorme cabeza, la enrolló y salió de la cueva con la piel como un trofeo. Hay que imaginar la alegría y las ganas con que el pastor volvió a coger las ovejas para ir de vuelta para el pueblo.
Cuando llegó al pueblo se fue directo al ayuntamiento y con grandes voces decía ”Sr. alcalde, Sr. alcalde he matado la serpiente y quiero mi recompensa”; pero el alcalde le dijo riendose de él “¡Más de 20 hombres no han sido capaces y un zagal como tu va a poder! ¡Vete con el cuento a otra parte!
Entonces el pastorcillo sacó del serón de su mula el pellejo de la bicha y lo extendió en la puerta del ayuntamiento como si fuese una gran alfombra… La piel de la serpiente es muy fina y el pastor estuvo desdoblandola un buen rato, era tan grande que llegaba hasta la puerta de la iglesia … ¡Ooooh es verdad , el pastor dice la verdad, ha matado a la bicha! Luego fueron a la sierra con una carreta y cargaron la sierpe para enseñarla por todos los pueblos de la comarca.
El pastor fuera aparte de ganar una fortuna de la recompensa, ganó la fama de valeroso y astuto y… ¡Como no… La mano de la hija del amo! Ahora espero que esta historia os haya gustado, pues yo siempre la cuento... Como me la contaron.