sábado, 21 de junio de 2014

MI CASA


Si tuviera que elegir para mi casa una puerta, elegiría una ya usada y una llave mohosa o mejor brillando de gastada.
Si tuviera que elegir para mi casa un suelo, elegiría un suelo de ladrillos cuarteados: les daría una mano de aceite de linaza con polvos de ladrillos para resaltar más aun que son viejos y usados.
Si tuviera que elegir para mi casa las paredes, elegiría paredes gruesas como los muros de un castillo; las pintaría de blanco cal y jamás las empapelaría.
Si tuviera que elegir para mi casa un techo,  elegiría uno descapotable; para los días de lluvia, cubierta de canales de barro del mantillo, para días de luz y estrellas; un techo de cristal o de aire puro.
Si tuviera que elegir para mi casa un patio, elegiría el patio de mi madre, todo lleno de flores en primavera y verdín en invierno; en el corral muros pequeños para poder mirar y que te miren.
Si tuviera que amueblar estos espacios que describo elegiría:
Para el zaguán, un espacio vacío para que las visitas dejen lo que no quieran enseñar;  lo único que dejaría sería una virgen de plástico pequeña y azulada colgada del dintel.
Para el primer portal, compraría unos muebles usados y fácil de rellenar con alguna estatuilla barata, y con los libros que a las visitas les agrade hojear; dos sillones de mimbre y una mecedora para esperar sentado si hubiese que esperar.
Para el portal del medio, espacio para las habitaciones de invitados, camas sencillas compradas de segunda mano y una escalera de peldaños de madera para subir al soberado.
Para el ultimo portal, tampoco quiero tanto espacio: un comedor humilde, una mesa de tablas de madera, unas sillas de enea, un hule sobre la mesa, los platos preparados y los cubiertos puestos; elegiría las cucharas gastadas de mi abuela, con la muesca en el borde con sus labios, un cuchillo de mango de madera y los vasos de cristal duralex o de otros baratos.
Un cierre metálico de cristales de colores, cerraría la casa con el patio de flores; así cuando el sol resplandeciera la llenaría de colores y de patio.
La cocina sencilla, un hornillo de carbón con su anafre,  unas estanterías para escurrir los platos, una mesa pequeña de madera con un cajoncito para guardar los cubiertos y sobre todo un ventanal desde mientras cocinan vean el patio.
Añadiría a esta casa de mis sueños un corral donde hubiese gallinas, una cochinera para criar el cerdo cada año, un pozo de agua dulce y un pequeño arriate con tomates pimientos cebollas y ajos sembrados.
Ahora que tengo la casa de mis sueños invitaría a mis gentes, mi mujer, mis hijos, los amigos y por supuesto dejaría toda la casa llena de fantasmas de los seres que quise y que me amaron.

viernes, 16 de mayo de 2014

PAISAJE DE UN RECUERDO



Había una vez una casa dejada caer en una calle y acostada en un cerro… La luz del sol de la mañana llegaba desde un extremo a otro de la casa, bañaba de claridad los días y algunas noches se hacían día por obra y gracia de la luna llena.
Desde el umbral del patio, solía escuchar una radio colocada en una repisa bajo la puerta oscura del altillo donde descansaba la bomba colorada y amarilla del insecticida.
En la repisa negra ya la radio no suena, en la repisa la radio esta muda; aunque aun reverbera una canción en el vientre hueco del tambor del insecticida.
¡Zumbido de moscas! El DDT que esparce en el aire la muerte y a la tira atrapamoscas le cuesta balancearse en la brisa cargada de razones.
La visera de cartón ya humedecida por el sudor serpentea la frente y por los puentes se cuela bravo el sol.
Resuena en la tarde el zumbido ronco de un gran abejorro que revolotea las flores del patio y en las hojas verdes de los rosales una oruga recorta su cara con su autorretrato y su filigrana repite, repite y repite incansable. Las moscas, el hoyo de aceite-azúcar, el umbral y el niño que dibuja en el suelo la rama de un árbol con carbón y tiza es todo lo que existe.
En la tapia encalada hace eco la risa del niño que juega y para no olvidarlo lleva pinchado en el pecho con alfilerillos el álbum de cromos con todos sus recuerdos. Hay un niño en el umbral jugando que lleva en su interior a un hombre y un hombre sentado a su lado que lleva en su interior a un niño.
En la puerta de la calle el grifo gotea y para que no pierda la llave maestra, le estoy recortando de unas gomas viejas una junta estanca o una zapata, que es como se le llamaba entonces.
Pasan por la calle hombres con sus bestias que vuelven del campo y en la cuneta de la puerta de casa dos insectos negros andan pegados en una cópula interminable.
Se ha despertado el viento afilando las ramas de los árboles y las hojas doradas de los plátanos brillan lijadas por la arena y el viento.
Brilla la tarde y se escuchan las olas del mar en el rumor de los estorninos y a cada ráfaga del aire, agitan la copa del pino milenario de la esquina del pueblo y elevándose en bandadas... Gritan como creo que gritan los niños al salir al recreo de una escuela.

sábado, 5 de abril de 2014

COSAS MIAS




Cuando era… He empezado a escribir porque me ha venido al pensamiento el olor de los polvos de talco con el que el barbero solía suavizar mi cogote después de haberme rapado la cabeza.  ¡Malditos los piojos y maldita la pobreza!
Mi asiento en la academia de Luisa era un tocón de encina, yo apenas tenía fuerza para moverlo de lugar y cuando iba a la lata…, a mear, solía admirar como el día se colaba entre las rendijas de la vieja puerta, y antes de que nos echaran de aquel antro salivaba como el perro de Pávlov mientras cantaba en voz alta “El bendito alabado”. Guardo como un tesoro el gusto y la fruición con que chupaba una barrita de regaliz y recuerdo, que para no mancharme las manos, agarraba la punta del espadín chupado con un barquito de papel cuadriculado…, para que tenga música.
No había en el mundo nada más excitante que subir la cuesta de los muritos enganchado en un viejo camión cargado de corcho o de arazú de palo…, no había nada más exitante… No hay nada…, no hay… No.
El olor de los peros maduros de los vendedores de fruta en la puerta de la plaza de abastos inundaban mis pituitarias, y luego estaban los higos chumbos o atunes que le decíamos en mi pueblo... Apenas el vendedor hincaba la navaja en la carnosa piel, se me llenaba la boca de agua ante el presentimiento de lo que se avecinaba; dos cortes a cada extremo y luego un corte recto y preciso uniendo los cuadrantes, la mano basta del vendedor lo abría con la delicadeza del que desnuda a su novia por primera vez, y luego pinchaba itifálico la navaja en su sexo, ofreciendo el manjar solo por un real de peseta.
El arroyo Santa Águeda, en cuanto llovía bajaba crecido lamiendo a su paso la yerba de las orillas… Daba gusto calmar la sed con sus aguas, donde el sabor de la menta de lobo y el poleo se aunaban a la finura de su sabor y a veces; era posible ver mientras bebías a una serpiente de agua reptando o nadando por su superficie, a la caza de la rana solitaria.
Las hormigas, disciplinadas, acarreaban todo lo que encontraban, y una detrás de otras desfilaban ante mis ojos en el umbral de la puerta de casa… Después he visto desfilar por mi vida algunos ejércitos, nada del otro mundo. ¡Entonces se encontraba mi niñez concentrada y expectante…, como una enana blanca que espera transformarse en una supernova!


martes, 11 de marzo de 2014

EL OLVIDO


En un país llamado España, las cunetas… Todos sabían que era tierra sagrada y todos callaban.
En un país llamado España, las cunetas y todos sabían… Todos menos los niños, que ajenos, jugábamos a revolcarnos en primavera, y hacíamos guirnaldas de amapolas y margaritas trenzadas con las esparragueras. Las niñas, mas curiosas que nosotros se paseaban con las flores adornando su límpida y radiante cabellera.
En España, en las lindes de caminos y veredas, se oculta un pasado incómodo… Fue la fosa más común de una generación ilusionada y generosa. Cuando la lluvia empapa caminos e inunda esas cunetas, está limpiando poco a poco la barrera que oculta la memoria.
Pasada la tormenta, sopla el viento… Habla a través de las calaveras de una generación que quiso cambiar el mundo.
En un país llamado España, llegará el día, que se pondrá el nombre a los generosos dueños, de todas esas flautas de hueso.



martes, 28 de enero de 2014

NANA DE MIS RECUERDOS



Oscuro, oscuro, en alto cielo...
¿Brillan estrellas o son luceros?
Juegan los niños
al escondite por las callejas.
Pasa una vieja
con un pañuelo por la cabeza.
Suena la risa
de un grillo oculto bajo unas piedras.
Sobre las luces
blancas esquinas amarillean.
Bajo las luces
se mueven lentas salamanquesas.
En una acera
dos niños juegan al tres en raya.
Con una cuerda
saltan las niñas de tiernas trenzas.
Sale un borracho
pegando tumbos de la taberna.
Dentro de casa
escucho el paso de un automóvil.
Una luciérnaga
brilla un momento 
en la pared del estercolero. 
En la cancela
miro aquel cielo lleno de estrellas
Desde mi patio
rebosa el cielo de nieblas blancas.
Mientras me duermo
mi madre canta o llora una nana.
Poquito a poco, muy despacito,
la alegre risa
de un mundo antiguo se va apagando
y con el dulce canto,
mis viejos ojos, se van cerrando.
Oscuro, oscuro...