sábado, 29 de marzo de 2014

EL SOBERADO


Recordando un poema de Borges “hay que arrimar una escalera para subir…”  me vi abriendo la trampilla en el techo de madera para subir al piso de arriba.
Asomabas al soberado y  un arrullo mágico de palomos te daba la bienvenida. Una nube de polvo danzando en el chorro de luz de la ventana. Siento copiar…, pero yo también solía andar encorvado por la presencia cercana de las vigas del techo.
El piso de madera crujiendo a cada paso y chivato del intruso insolente. Estratégicamente distribuidas una docena de pequeñas ratoneras, incapaces a juzgar por la cosecha de ratones, de no ser otra cosa que figuritas para adornar la cómoda. Algunos trastos viejos… como casi lo nuevo que había en el piso de abajo. Un rumor serpenteando los tablones del piso… ¿una culebra?
Una atalaya donde mirar sin ser mirado y esa soledad buscada esperando junto a la ventana. Colgando de las vigas del techo… unas mazorcas de maíz, tomates de peras y unas docena de racimos de uvas lairén, uvas ya casi pasas y concentrando el azúcar de unos meses.
El palomar era muy pequeñito... unas pequeñas jaulas donde se arrebujaban, media docena de palomas y algún que otro pichón más feo que un demonio y hambriento de toda el hambre que un palomo pichón pueda tener. En la pared de enfrente un viejo almanaque de 1953 donde una niña vestida de gitana sonreía mientras alzaba una copa de anisado de Rute, única testigo de mis tardes de comer con las manos.
Siempre que deslizaba la trampilla de madera daba la sensación que entraba... En otra casa.

martes, 11 de marzo de 2014

EL OLVIDO


En un país llamado España, las cunetas… Todos sabían que era tierra sagrada y todos callaban.
En un país llamado España, las cunetas y todos sabían… Todos menos los niños, que ajenos, jugábamos a revolcarnos en primavera, y hacíamos guirnaldas de amapolas y margaritas trenzadas con las esparragueras. Las niñas, mas curiosas que nosotros se paseaban con las flores adornando su límpida y radiante cabellera.
En España, en las lindes de caminos y veredas, se oculta un pasado incómodo… Fue la fosa más común de una generación ilusionada y generosa. Cuando la lluvia empapa caminos e inunda esas cunetas, está limpiando poco a poco la barrera que oculta la memoria.
Pasada la tormenta, sopla el viento… Habla a través de las calaveras de una generación que quiso cambiar el mundo.
En un país llamado España, llegará el día, que se pondrá el nombre a los generosos dueños, de todas esas flautas de hueso.