lunes, 28 de abril de 2014

LA NUEVA PSICOLOGA I


Ayer, llegó al pabellón de ingresos, la nueva psicóloga recién salida del universo estudio... ¡Es estupenda!  De mediana estatura, el pelo rubio de niña chica; tiene una carita angelical, sus ojos son azules como el mar de los sueños, y decir que es bonita es hacerle un feo a la muchacha.
Tengo a mis veinte internos, babeando por las esquinas del pabellón de ingresos, y tímidos ellos, la miran de reojo y se cuchichean cosas al oído, que supongo escandalizarían a una madame de burdel. El más tímido, está tan colorado, que esta noche lo dejaré sentado haciendo imaginaria en la mesita donde suelo sentarme; para que su rubor alumbre los sueños más bonitos.
La acompaño, con mi batita blanca hecho un pincel, a la cintura el manojo de llaves y voy abriendo estancias presentándole todo…, mira, esta habitación de acá, es para recibir a las visitas; las encerramos con llave para que no se lleven una mala impresión..., esta otra acolchada y con el ventanuco tan alto, es para los lunáticos; las noches de luna llena a los enamorados de su luz, los encerramos desnudos para que se bañen; por la mañana  amanecen bronceados y sin marcas. 
Luego, he bajado con ella hasta los sótanos donde se guardan las cosas inservibles: Le he mostrado el cazador de voces que molestan, ahora no es necesario, les estoy dando un curso para aprender a unir sus hemisferios; el invento consiste en provocar la risa hasta acallarlas. Las trabas para atar a las bestias salvajes..., las he desmontado de sus camas, me dijeron que el antiguo cuidador les decían que era para que no se cayesen de ellas y que en las pesadillas de las noches oscuras estuvieran quietitos. Un aparato de electrochoques, lo usaban antes para resetear la memoria y el pensamiento reincidente, y ahora cuando les apetece un rampazo, los saco al patio y los pongo todos en fila cogidos por el dedo meñique, que previamente han masticado apretando el dedillo con las muelas; luego, cuando no se lo esperan, toco con una mano la toma de tierra del pararrayos y con el dedo meñique me engancho al primero de la fila, y claro está, el más necesitado de emociones se lleva una impresión que se muere de risa… En los días de tormenta a los necesitados del olvido, los pongo en el patio a volar un papagayo.
Estamos construyendo en secreto un túnel para unir el pabellón de ingresos, con el de las vírgenes del pabellón de al lado;  pero como no tengo certeza y confianza, le pasé por alto ese detalle… Ya os seguiré contando.

jueves, 24 de abril de 2014

LA LOCA



De esta mujer contaban, que estando dando de mamar a algunos de sus hijos, y hablo de cuando las mujeres parecía que no hacían otra cosa que parir y criar hijos; le sobrevino un ataque de epilepsia, un tabardillo o un repente sin más. Contaban que estando de mamar al pequeño junto a la chimenea, le sorprendió el ataque y cayó sobre la hoguera de cara al fuego, antes de perder el conocimiento, el instinto hizo que la desdichada apartara del fuego al pequeño; pero ella, quedó totalmente desfigurada por las graves quemaduras sufridas y ya nunca más la vida pudo ser como antes.
Recuerdo que de pequeño daba miedo mirarla a la cara, ella, que supongo alguna vez habría cruzado la mirada con el espejo era sabedora de lo que repelía; solía ir envuelta la cabeza con  aquel sempiterno pañuelo negro que en el sur solían ponerse para cumplir con el luto las mujeres, además se embozaba la cara con las puntas de este, dejando ver sus ojillos negros, brillantes como dos ascuas encendidas y que ella, además proyectaba como una flecha cuando te miraba a la cara.
Era ágil y desenvuelta a pesar de la edad que le suponía y recorría vivaracha  el pueblo de cabo a rabo, no recuerdo si vendiendo algún producto de los campos o mendigando una ayuda para sacar a sus hijos adelante.
Contaban que su marido le daba mala vida, cosa por otra parte cosa harto frecuente en aquella sociedad de postguerra y que la pobre no estaba en sus cabales… No se que enfermedad le mermaría la cordura, pero en aquella época de miseria, la desesperación era algo más que frecuente entre las familias de pocos recursos y desesperación más cordura es un binomio irresoluble.
Recuerdo que me agarraba a las faldas de mi madre, me decía que no le tuviese miedo y luego algo así como…, que si la vida…, que no era mala gente…, que si lo que le faltaba a la pobre eran las quemaduras… Por todas estas cosas y en definitiva porque le perdí el miedo, yo me atrevía a mirarle a los ojos y captaba cuando se dirigía a mí en algunas de sus muecas lo mas  parecido a la sonrisa; pues yo diría que sabía sonreír  con los ojos. Todas estas peculiaridades que he descrito, han hecho que para mi haya sido un digno personaje que recordar de mi infancia.
Intentó quitarse la vida en muchas ocasiones, pero la mala suerte o vete a saber que le salvaba de ello... Que yo recuerde un par de veces lo intento arrojándose a un pozo, un recurso harto frecuente entre los desesperados en los pueblos.
Cada vez que escucho aquello de "dar la campanada" refiriendo a llamar la atención de algo, su imagen viene a mi memoria como un rayo; pues una noche de verano y presa
supongo de desesperación  y locura, se subió a la torre más alta del pueblo y estuvo tocando a arrebato las campanas, ya desde entonces para mí, dar la campanada es aquella acción insuperable e inolvidable que llevó a cabo ese día aquella mujer.
Puedo decir que aquella calurosa noche de verano, todo el pueblo aprehendió lo que significaba  "Dar la campanada".



viernes, 11 de abril de 2014

MI NOVIA Y LA LUNA

Bulerías

La luna solita me acompañaba.
La luna, 
fiel compañera mía,
yo la llevaba
hasta la puerta misma de tu casa.
Conmigo paciente se esperaba.
Luego la luna se iba celosa
y desdeñada
dejándome su brillo en tu mirada.
Etérea y bella, te llevaba prendida
de la cintura por las callejas;
¡cuanta nostalgia!
Cuando por las paredes nos dibujaba.
Con embeleso, aprovechábamos
las calles más oscuras y solitarias
para los besos.
Aquel vestido de flores tan ceñido
realzaba tu talle, junco cautivo.
Mis manos dos palomas inquietas
recorriendo tu cuerpo como un atleta.
Cuanta alegría, cuando encontraron
tus pechos delicados bajo tu blusa,
y cuanta sorpresa cuando tus dedos
largos y juguetones traviesos juegan.
La blanca luna que nos acompañaba
de vuelta a casa.
Juega embrujada con tu mirada.
Cuando ya fuiste mía...
hasta la blanca luz de la luna
palidecía.

PADRE

¡Mis padres!... Se me llenan los ojos de mariposas blancas cuando los siento cerca en el recuerdo. Ahí los tengo juntitos, pegados en el corcho de los sinsabores con unas chinchetas de colorines… Soñar con la gloria es un privilegio al alcance de muchos, aunque son pocos los que llegan a acariciarla.

Te recuerdo subiendo despacito, midiendo cada paso de la calle y haciendo interminable la  subida. Te parabas para tomar impulso y seguías calle arriba...  Inclinabas exageradamente la cabeza hacia tu lado herido, te quitabas la gorra, y secabas tu frente con un pañuelo claro. ¡Que descanso, cuando se recortaba la sombra de tu cuerpo en el poyete! Verte subir así era estremecedor, quien te viera subir, presenciaba una nueva estación del vía-crucis.
Sentado en uno de los bancos de la plaza, ensimismado, absorto en reflexiones, parecías una estatua… ¡Un estilita! Aunque intuía un profundo agitado, gustaba imaginar que eras feliz. Siendo joven e idealista, participaste en la orgía de la guerra; ahora mayor y sabio odiabas la violencia y en un mundo de hormigas, te cambiabas de acera para evitar pisarlas.
Cuando al anochecer, volvías del campo por el camino  del cementerio, te parabas en la vieja cancela a charlar un momento  con los que ya no estaban. ¡Que a los muertos les gusta revivir por un rato! Con un trozo de caña, un periódico viejo, un rollo de hilo tonto y  trapos de colores, me enseñaste a hacer un papagayo. Lo hicimos volar una tarde de julio, aún siento la tensión mientras daba carrete. Le enviamos a Dios una carta para que te curaras.
Al final del verano recaíste de nuevo, recuerdo aquellos frascos con estreptomicina; se llamó a don Francisco para darte el santolio. No me dejaban acercarme a ti y odiaba a las personas que venían de visita. Estaba tan acostumbrado a tus radiografías y a  conocer el mal que te mataba, que apuñalaba la mancha que te hería. ¡Pero no era tu hora! Una mañana de un invierno cualquiera, te lanzaste en brazos del destino y por un largo tiempo yo me quedé sin padre; supe de tus pesares y de tus fatiguitas por mi madre. Fue un tiempo tan vacío que no recuerdo nada.
Al verano siguiente se preparó el retorno, se puso una ventana en tu cuarto vacío y esperé tu regreso. Regresaste partido, Lázaro redivivo apareciste, y blanco como toda la cal que había en la calle. Empezó un tiempo nuevo, un añadido. Me mudé a la cabeza y dejé el corazónSe movieron las ruedas del destino y salté trastabillado, en busca de un lugar donde hubiera un futuro con mi nombre.
Aunque siempre presente, ya nunca más volviste a señalarme un norte. Arrastraste estoico el trozo de tu cruz e hiciste tabla rasa con todo. Liquidaste las deudas y nos fuimos del cerro al palomar. Te recuerdo afanarte haciendo montoncitos con el engañabobos de las rifas. Pensionista de nada y  menguado de por vida, tuviste que ingeniarte el ganarte un jornal. ¡Ay padre! sin Manuela que poco hubieras sido. Suspirabas profundo cuando no eras feliz, eras parte del todo que es un pueblo y espero donde te halles… Te sientas como allí te sentías.

domingo, 6 de abril de 2014

EL SAGRARIO

“Vamos niños al Sagrario que… 
Un niño.
Tras la enrejada puerta y la inocencia inmaculada... de rodillas ante Dios no piensa en nada y reza absorto ante la Maravilla. Suelo de mármol y en las paredes losas de Sevilla; ante el altar dorado donde se guarda a Dios como enjaulado; quiere con Dios estar y está en la gloria.

Un joven.
Adolescente imberbe, postrado de rodillas ante el altar sagrado que guarda la Custodia...se siente perturbado por no sentirse inmaculado; llora por sus pecados y le pide al Dios  allí enjaulado que le perdone el daño que ha causado; ha pecado matando un corazón enamorado.

Un hombre. 
Por la fe abandonado, perdido el concepto de pecado... la maravilla y el asombro  han muerto en su interior, no necesita a dios lo puede todo y pasa por el sagrario sin temor, por pasar, pasa como quien pasa por la puerta de la casa de al lado; solo vive el ahora y el pasado no pesa ni acobarda.  ¡Es un río que desborda!

Un viejo.
Tras la enrejada puerta, arrastrando los pies por las losas de mármol y con la mochila del pasado... entre paredes de losas de Sevilla, está quieto y callado, postrado ante la Maravilla; se acuerda de aquel niño, añora aquel adolescente y ya en paz con el hombre y con toda esa experiencia... se mira la punta de los pies y ante el altar dorado donde se guarda a Dios como enjaulado, quiere estar con su Dios. Ya ha terminado.

sábado, 5 de abril de 2014

COSAS MIAS




Cuando era… He empezado a escribir porque me ha venido al pensamiento el olor de los polvos de talco con el que el barbero solía suavizar mi cogote después de haberme rapado la cabeza.  ¡Malditos los piojos y maldita la pobreza!
Mi asiento en la academia de Luisa era un tocón de encina, yo apenas tenía fuerza para moverlo de lugar y cuando iba a la lata…, a mear, solía admirar como el día se colaba entre las rendijas de la vieja puerta, y antes de que nos echaran de aquel antro salivaba como el perro de Pávlov mientras cantaba en voz alta “El bendito alabado”. Guardo como un tesoro el gusto y la fruición con que chupaba una barrita de regaliz y recuerdo, que para no mancharme las manos, agarraba la punta del espadín chupado con un barquito de papel cuadriculado…, para que tenga música.
No había en el mundo nada más excitante que subir la cuesta de los muritos enganchado en un viejo camión cargado de corcho o de arazú de palo…, no había nada más exitante… No hay nada…, no hay… No.
El olor de los peros maduros de los vendedores de fruta en la puerta de la plaza de abastos inundaban mis pituitarias, y luego estaban los higos chumbos o atunes que le decíamos en mi pueblo... Apenas el vendedor hincaba la navaja en la carnosa piel, se me llenaba la boca de agua ante el presentimiento de lo que se avecinaba; dos cortes a cada extremo y luego un corte recto y preciso uniendo los cuadrantes, la mano basta del vendedor lo abría con la delicadeza del que desnuda a su novia por primera vez, y luego pinchaba itifálico la navaja en su sexo, ofreciendo el manjar solo por un real de peseta.
El arroyo Santa Águeda, en cuanto llovía bajaba crecido lamiendo a su paso la yerba de las orillas… Daba gusto calmar la sed con sus aguas, donde el sabor de la menta de lobo y el poleo se aunaban a la finura de su sabor y a veces; era posible ver mientras bebías a una serpiente de agua reptando o nadando por su superficie, a la caza de la rana solitaria.
Las hormigas, disciplinadas, acarreaban todo lo que encontraban, y una detrás de otras desfilaban ante mis ojos en el umbral de la puerta de casa… Después he visto desfilar por mi vida algunos ejércitos, nada del otro mundo. ¡Entonces se encontraba mi niñez concentrada y expectante…, como una enana blanca que espera transformarse en una supernova!


viernes, 4 de abril de 2014

PAPARRUCHAS


¿Qué significa romper el equilibrio?... el odio rompe el equilibrio y no merece la pena odiar. ¿Qué hacer con las personas odiosas...? ¿Amarlas...? ¿Enseñarles a amar...? Deduzco, que ellas creen que aman; pero tengo que comprender que no se debe confundir el amor con el deseo.
¿Por qué no hay que odiar a quien nos hace daño...? Quizás porque el odio rompe nuestro equilibrio y nos iguala al inductor del mismo.

La polinización. El ejercito de las abejas biónicas 1E4A005 era el encargado de la polinización del campo de Tarragona… No pasaran cien años de que esto suceda y además, ¿Qué clase de miel darán...?  Miel… d… a.

Con diecisiete años no se debe temer a la vida, no se debe temer a la muerte con diecisiete años. Hay que ser generoso y darse a la vida con diecisiete años, con veintisiete, con treinta y siete, con… Siempre hay que ser generoso.

Es inútil gritar, aunque te desgañites ¡Qué bonita palabra! Han entrado a matar y los clarines del miedo resuenan en el silencio. ¿Qué puede acallar ese grito… O quién o qué? Una bandada de pájaros cargado de razones intentan realizar un gigantesco señuelo... Un pájaro gigante perdido entre las gasas del tiempo.

Lo veo venir, acabaré dedicándome a la filosofía. Tengo un libro de poemas, lleno de garabatos apenas inteligibles; recuerdo que de chico ya me lo advertían…, pero yo erre que erre. La faena que tengo en poner orden en tanto caos me divierte… ¡Paparruchas!