miércoles, 13 de agosto de 2014

CATACLISMO I


Cuando algo se ha roto allí dentro de lo hondo,
en el silencio explota la imposible palabra.
Horrorizado sientes los trozos del espejo,
 y en un gesto difícil te anudas la cabeza
con las manos aladas.
Escondes en silencio el dolor que te pesa,
un pinchazo de aguja te traspasa sereno;
entonces te arrodillas a la oración e inmerso

lloras pues has dado por perdida la pérdida.
¡Ya nunca más será!
Cuando algo se rompe y no existe consuelo,
te arrancas el cabello en un gesto supremo
de desesperación. El dolor se hace tuyo,
y lo llevas al cuello como un escapulario
de ingrata devoción.
Cuando no es primavera y la flor del naranjo,
inocencia callada va alfombrando tus pies
hasta ser un murmullo de pasos que resuenan
en el vacío constante.
Cuando todo es oscuro y al girar la cabeza,
como la giras siempre, sientes que suena ha roto
cual sonajero viejo, e inmerso en un ocaso
lleno de rosas negras sales a los postigos
que dan a las callejas y solitario gritas
cuanto el dolor te deja.
Tu cabeza fundida e imposible bombilla
trizada de cristales se niega a dar a luz;
entonces todo calla en callado silencio
y se rebela tu cuerpo a llevar esa cruz,
escuchas allá lejos una voz que te insufla
la chispa necesaria. 

¿Encenderá la estrella 
que guiará de nuevo tus pasos otra vez...?
Entonces todo calla.
Cuando todo termina, del dolor y del llanto
surge nueva esperanza, se comienza de nuevo,
resurge la alegría de la primera vez;
¡Oh joven primavera! Te noto entre las venas,
el mundo antes parado se comienza a habitar,
resuenan las campanas como cuando es domingo,
y un sol de luz templada vence a la oscuridad,
sientes que de nuevo brilla la luz divina...
Un camino de huellas marcadas en la arena
seguras te guiarán.