miércoles, 8 de enero de 2014

CANIBAL



Directo al corazón… Apenas le eché el ojo encima, me dije: no lo pienses y se directo, fui y la invité a un suicidio colectivo.
Ella sin pestañear me pegó una patada en la boca del cielo, me dejó sin resuello.
Yo, aun me dije: ¡Se directo! Y le comí la boca, ella fue y me comió hasta los besos; estuve a punto de mandarla al infierno, pero pensé: ¡Coño Martín se más directo!
La estampé en la zona más oscura del antro, junto al sofá de piel y perdí la cabeza, fui tan directo…, que me arranqué de cuajo el corazón y aun chorreando, la invité a devorar esa víscera esclava.
Ella, caníbal; devoró sin piedad mis deseos y devolvió a mi ser un corazón que en vez de latir… Ronroneaba  una canción de moda tocada por un organillo de manivela.
Mientras volvía a mi casa medio muerto, generoso; aun pensaba que debería de haber sido más directo.