viernes, 21 de marzo de 2014

CORONADA DE ROSAS


Una  vieja está rezando
un rosario.
A ciegas pasa las cuentas.
Murmurando
paso a paso los misterios.
Desgranando
las estrellas en el cielo.
tililando.
Las viejas siguen rezando
el rosario…
Avemarías para Dios
y glorias para el diablo.
La vieja sigue rezando
el rosario.
Los misterios van cayendo.
Sonriendo
jaculatorias y rezos
caprichosos
y enlazando una oración
fantasiosa.
Mientras tanto…
Avemarías para dios
y glorias para el diablo.
Un coro de viejas rezan
un rosario.
Una corona de rosa
van trenzando.
En el cielo están temblando
escuchando.
Pedigüeñas, las letanías 
van rogando.

Mujeres violadas… Ruega por ellas
Mujeres maltratadas… Ruega por ellas
Mujeres ofendidas… Ruega por ellas
Mujeres olvidadas… Ruega por ellas
Mujeres oprimidas… Inclinaos ante ellas.
Y entre misterios y rosas van rezando…
¡Avemarías para Dios
y glorias para el Diablo;
por si acaso!

martes, 11 de marzo de 2014

EL OLVIDO


En un país llamado España, las cunetas… Todos sabían que era tierra sagrada y todos callaban.
En un país llamado España, las cunetas y todos sabían… Todos menos los niños, que ajenos, jugábamos a revolcarnos en primavera, y hacíamos guirnaldas de amapolas y margaritas trenzadas con las esparragueras. Las niñas, mas curiosas que nosotros se paseaban con las flores adornando su límpida y radiante cabellera.
En España, en las lindes de caminos y veredas, se oculta un pasado incómodo… Fue la fosa más común de una generación ilusionada y generosa. Cuando la lluvia empapa caminos e inunda esas cunetas, está limpiando poco a poco la barrera que oculta la memoria.
Pasada la tormenta, sopla el viento… Habla a través de las calaveras de una generación que quiso cambiar el mundo.
En un país llamado España, llegará el día, que se pondrá el nombre a los generosos dueños, de todas esas flautas de hueso.



viernes, 7 de marzo de 2014

MI ABUELA


Menuda humanidad 
y tranquila presencia,
un peinarse sedosa 
con agua de romero
la nieve de sus trenzas.
Una piel arrugada 
seca de tantos soles,
 y  un pañolito oscuro 
cubriendo su cabeza.
Un grifo que gotea,
un cántaro en la puerta,
una chimenea blanca 
donde medir la vida,
un olor en la siesta.
Una tinaja de meloja,
una dulce merienda,
cacerolas de cobre,
trozos de un panal
lleno de miel de abejas.
Una burrita blanca 
en la cuadra trabada
naranjas de la huerta, 
manojos de rábanos
que vender en la puerta.
Una cuchara rota 
del cajón de madera
una sillita baja 
una radionovela
el pelo largo y blanco, 
algunas fotos viejas
un pelar pajaritos, 
la punta la nariz
húmeda y fresca.
Los besos mas bonitos 
un hasta luego abuela;
cada vez que marchaba decías 
¡Ya no te veré más...
Un eterno hasta siempre abuela!

martes, 4 de marzo de 2014

UNA DE MIEDO!





En la noche… En la oscuridad de la noche. Un estremecimiento y asustado intento una mirada.
Una mirada más allá de las sombras, más solo veo una alocada danza de minúsculas libélulas.
Proyecto con más fuerza la mirada, una mirada en flecha diría yo… Me poseen las sombras. La negrura de la noche se introduce en mis ojos.
La ceguera es atroz, es una posesión terrible. La oscuridad de afuera ahora está también adentro; en mi mente..., ocupandolo todo.
A estas alturas los ojos son incapaces de ver nada, ni tan siquiera esas pequeñas luces de la noche.
Me incorporo atemorizado... Sudoroso y temblando, palpando palmo a palmo la pared busco a tientas la llave de la luz.
Noto la suavidad de la cal en el enlucido de la pared y el camino del trenzado de los cables eléctricos, retrocedo hasta buscar el cilindro de porcelana de la llave y respirando profundamente… Me lleno de la luz.

PASEO NOCTURNO


Noche de lluvia,
en las telarañas de la cuadra
¡collares de diamantes!
Sobre la paja húmeda 
una niebla que aísla.
Bajo la paja húmeda
duermen los sueños.
Un racha de aire 
que surge inesperada 
me cala hasta los huesos.
Ya cruzado el umbral, 
por las calles vacías 
se cruzan los recuerdos.
Encorvado y silente, 
empujo a la lluvia 
con mi cuerpo
 y miro con nostalgia, 
la luz amarillenta 
de la lejana esquina.
La noche, me lleva 
por las calles 
de adoquines brillantes.
Como la lluvia arrecia, 
me resguardo en el quicio 
de la primera puerta 
y espero con paciencia, 
que entre las nubes negras 
surja  redondo y claro.
¡El oro de la luna!

sábado, 1 de marzo de 2014

MERIENDA EN LAS NUBES


En tardes que presagian ya el verano, bajando los muritos hasta los llanos del chaparral y una vez acabado el tiempo de moras del árbol de la morera;  florecen los racimos blancos y perfumados de las acacias.
A la hora de la merienda, cuando acuciaba el hambre y comer pan con pan decían que era comida de tontos... Solía dejarme caer por los muritos en busca de la  acacia más frondosa.
Recuerdo que subía temeroso de que los motoristas, (policía motorizada) me pillasen encaramado en algunos de aquellos arboles que acompañaban a la carretera. 
Ya una vez acomodado en lo alto de la copa, teniendo mucho cuidado de no pincharme con las agujas de las espinas de sus ramas. Me regalaba un festín de sus flores. Allí arriba cual Cósimo, me sentía rey del mundo e intercalaba un bocado de pan con un puñado de sus flores azucaradas de olor penetrante y pegajoso.
Recuerdo que una tarde y quizás fuera la última vez que me subiese a lo alto de las acacias... Estando en la atalaya, vi venir a los motoristas y preso del pánico me lancé  hasta el talud de la cuneta; de milagro no me partí la cabeza. 
Tanto temor, no era sano para la educación de un niño; pero era una época gris y un tiempo triste de la historia del Mundo y recordando aquel tiempo, compuse hace ya tiempo estos poemitas japoneses.

Acacias blancas.
Tus racimos colgantes
fueron merienda.

Frondosa y verde.
Un refugio seguro
con tus espinas.

Las aves saben
Como esquivar las púas
de tus defensas.

Vara de acacia.
La corona de espina
la frente adorna.