domingo, 29 de marzo de 2015

MALDITO



Existía un lugar donde esperaban los malditos al día del juicio final sin esperanza alguna de tierra prometida. Era un rincón dormido en el tiempo. 
Los primeros de Noviembre se visitaban e impávidos daban su bienvenida desde el umbral de hierba de la puerta del patio de los malditos. 

No existían nombres en esas lápidas de cal, solo una cruz en negro adornaba sus tumbas; quizás producto de la buena voluntad del que entierra en sagrado.

La ultima vez que oí hablar de ese lugar casi innombrable, fue en el entierro de un paisano que tuvo la mala idea de pegarse un tiro en la sien mientras rumiaba su mala suerte en el velador de un bar donde la piedad le dejaba pasar las frías noches de invierno.

Existía un lugar donde esperaban los desamparados al día del juicio final sin esperanza alguna de tierra prometida… era un rincón dormido.






miércoles, 18 de marzo de 2015

ANTES DE MATAR




Contrariado de su favor perdido,
muerde ruin y con rabia la cebolla,
lloran sus ojos del acido inhalado,
sacia su sed salada en la derrota. 

El humo en el altar se alza taimado, 
tímido, temeroso, sin entrega, 
sabedor del fracaso de antemano 
de lo divino Caín se desespera.

Sangre, sudor, fatiga de labriego
no alcanza a comprender el desatino 
de un fiero Dios omnipotente y ciego.

Que incapaz de valorar el lóbrego 
trajín que necesita para con su destino,
da por buena la sangre de un borrego.


domingo, 15 de marzo de 2015

ARENA Y SOL


Era verano en la hora del día en la que el sol es todo, campos de brillo verde maquillados de polvo y caminos de arena. Reverberaba  la luz en la distancia, la calima blanca difuminaba un horizonte irrespirable y áspero. Los ojos dos rayitas pintadas en la cara, y al respirar te secabas por dentro como una saliva al borde de una hoguera.
A lo lejos, la inquietante presencia del bosque de eucaliptos, una alucinación, un espejismo, un mar de oscuras premoniciones. Te ajustabas el sombrero y mirabas desplazando la vista por el borde del ala... ¡Hacía mucho calor! Con la punta del pañuelo del cuello te secabas el sudor que resbala en la cara, y poco a poco veías acercándose a ti un mar de hojas mecidas por el viento y sentías el olor de sus dulces efluvios. 
La oscuridad abofetea a la luz cuando entras en el bosque y el agotado suelo de cristal, exhausto y seco, cruje al pisarlo; al mirar hacia atrás, sobre la arena blanca, un desierto alargado indiferente al tiempo... ¡Qué bien se ve la vida, desde la sombra fresca de un bosque de eucaliptos en una calurosa tarde de verano, hasta los gorriones bebían de mi mano! Raíces muy profundas beben el agua de los manantiales bajo la dulce tierra donde descansa el tiempo eterno y de ellos se alimenta el bosque.
El sabor de aquel tiempo todavía persiste en mi boca.  Aquel pequeño loco que soñaba con comerse la Tierra. Echo de menos los sonidos de un pasado lejano y revivo o intento revivirlos... Los sonidos dan forma a los recuerdos y hacen que visualice el pasado con la nitidez de los murciélagos, el sonido, los recuerdos y un reflejo de un pasado tan real como el presente y quizás inventado.