domingo, 17 de julio de 2016

LA MUERTE DE UN MACARRA




No volverá a ser joven,
se le acabó la vida…
Sentado está en la acera
inmóvil e indolente.
¡Como siempre!
Se le escapa la vida,
la bala le partió en dos
el espinazo y
siente por no sentir;
que está perdiendo la partida.
El julay que le dio por detrás,
sabía lo que se hacia;
la baba le resbala (lentamente)
del labio leporino,
Aguanta la vejiga (a duras penas)
De nada le valió 
su Smith & Wesson
de cachas nacaradas;
en el bolsillo de la gabardina
la mano suda rabia,
la izquierda apoya tiesa
como un calzo de carro
en los panots cuadrados
de la acera mojada.
En el espejo del escaparate
de la tienda de enfrente.
la maniquí vestida de putita,
sonriente 
le observa calladita
¡Que monada!
Se observa distraído junto a ella,
pronto serás mi hermana piensa.
Los recortes de las escenas
censuradas de su vida
pasan al volapié
y sin querer por su memoria;
abierto el sobre vuelan sin ganas.
Alguien que dio la voz
llamó a la pasma.
Al viento sus sirenas
será la banda sonora
de la ultima escena…
¡Jodida y puta vida!
Sus últimas palabras.