lunes, 11 de julio de 2016

SOÑANDO IMPOSIBLES


La estancia es sombría, 
un suelo de tierra
 resbala al pisarlo.
La humedad del suelo,
huele que alimenta.
En la carbonera  
hay curianas negras.
¡Curianas negras…!
Curianas de patas muy largas 
y abdomen enorme, 
que arrastran pesadas 
por la húmeda tierra.
Junto a la pared, 
la tinaja ocre 
donde blanca y dócil 
muere la cal viva, 
y un cubo de zinc 
con cuatro escobones.
En las telarañas 
cuelgan moscas muertas, 
envueltas en sus pequeñitas 
sábanas de niebla.
Cuelga de las vigas: 
la romana vieja
tras pesar al cerdo, 
una hoz mohosa 
para segar la hierba
y un velon de cobre 
que dio luz a oscuras 
en noches antiguas.
La luz a raudales 
entra por la puerta, 
y obliga a mis ojos 
a ser dos puñales 
tras la línea recta 
con la que encarcelan 
la luz mis pestañas.
En aquella estancia 
pasé tantas horas… 
Soñando e imaginando 
como sería otra vida 
en otros universos. 
Cualquier desconchado, 
podía ser la puerta
 por donde escapar 
de una realidad 
que no me era ajena…

No se escoge el lugar para soñar y por eso mismo cuando se acaba el día, el jilguero en la jaula sueña una rama.