viernes, 17 de marzo de 2017

RUMOR






Un poema puede ser una mariposa de colores maravillosos, pinchada en un corcho expositor del museo de las mariposas…, naturaleza muerta que diría un pintor... ¡Me gustan más las que van de flor en flor y son capaces de provocar huracanes!


Por la mañana, tocan
campanadas a muerto.
¿Quién será?

Un rumor por el aire
viene y va.

Ayer en la noche
la lechuza cantaba
por el palomar.

Un rumor por el aire
viene y va.

 Campanitas a muerto
lo acompañarán.
A las cinco de la tarde
por el palomar.

Un rumor en el aire
va y vuelve por el palomar.

sábado, 11 de marzo de 2017

EN ABSTRACTO




Acostumbrado a lo insípido, nos olvidamos del sabor de las lágrimas y adormecidos por el opio improbable de los pulsos neuróticos, ejecutamos a nuestros verdaderos sentimientos en la silla de los deseos insatisfechos… Eructamos e hipamos  desordenadamente mientras el viento  acaricia los pómulos del pensamiento sin que le prestemos atención; entonces, es cuando estalla en nuestro interior la única tormenta en la que somos incapaces de ubicar nuestro yo más real; tocamos a zafarrancho dando muestras de una incompetencia desvergonzada e infantil, y nos apresuramos a reparar lo que siempre ha estado hecho pedazos. 
De un tirón se bebió el aguardiente sin importarle el viento del solano… A tomar viento se dijo. El viento, que buscaba aventar la paja de las habas, pasaba por la esquina de la calleja  viendo impasible al que defecaba que jugaba  a dibujar jeroglifos con una paja de cebada amarilla. Pasaban los hombres, cargados los serones de las bestias que montaban, con una gran variedad de frutas del bosque sin importarles la visión de dos perros unido en una cópula infinita y cuyos penes, cangrenados y sangrantes,  se retorcían en un orgasmo animal. En el lado de sombras, la vio por la rendija abierta a conciencia de la puerta, le miraba desnuda y le incitaba a seguirla con el índice de su blanca mano… Hicieron el amor hasta que se cansaron y tumbados panza arriba, observaron el cielo raso cuajadito de estrellas. Le contó, como, obsesionada con el sexo; se acostaba con todo aquel que no había conocido la gracia del sur. Horrorizado, la miró y comprendió que acababa de hacer el amor  a la muerte; que insatisfecha por conocer todos los deseos reprimidos, vomitaba con ansias todo el sudor amargo de esa bilis macerada en la bodega oscura de los años pasados... Se despertó llorando como un niño perdido.